Las relaciones raciales dentro de los Santos de los Últimos Días
La raza ha sido el rasgo humano que ha ocasionado más discriminación, la cual se ha manifestado como odio, brutalidad, inhumanidad y dolor. También los grupos religiosos y aquellos reunidos por sus ideales filosóficos se han visto envueltos en tensiones ocasionadas por diferencias raciales.
Los problemas raciales también han afectado a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Incluso desde sus inicios en 1830, existían roces entre los estadounidenses blancos y los esclavos con antepasados negros. La tradición pedía la segregación racial incluso en las denominaciones cristianas, lo que llevó a la creación de las conocidas iglesias de negros. Al contrario de la tradición de esa época, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no tenían congregaciones separadas por raza, congregando a todos en el mismo lugar, tal como se hace todavía.
Aquellas personas que han estudiado sobre la prohibición que existió del sacerdocio en la iglesia, con frecuencia cuestionan por qué tomó tantos años, hasta 1978, para que la eliminaran. Las cosas del Señor funcionan en su propio tiempo y una respuesta concreta quizá sólo la tendremos hasta que el Señor vuelva en su gloria. Sin embargo, existen algunas teorías sobre cómo los acontecimientos históricos han contribuido a esto.
Según la manera de operar de muchas gerencias y grandes administraciones, primero se tratan los asuntos importantes y urgentes y luego se va tratando todo lo demás. Si consideramos este enfoque en lo que respecta a la administración de la iglesia y analizamos la historia, podríamos notar una tendencia similar. Revisemos ese análisis:
A finales del siglo XIX y a principios del siglo XX, la prohibición del sacerdocio realmente no se podría considerar como un asunto urgente en la iglesia, a pesar de su importancia. A finales del siglo XIX la administración de la iglesia estaba principalmente centrada en defender a la iglesia de la hostilidad que tenía el gobierno federal de los Estados Unidos de América en contra de ella. El presidente John Taylor (1877-1887) defendió a la iglesia de la persecución que sufrió por causa de la poligamia. El Presidente Wilford Woodruff (1887-1898) se enfocó en lograr que Utah tuviera la condición de estada, logrando las adaptaciones sociales, económicas y políticas necesarias. Lorenzo Snow (1898-1901) estuvo enfocado en su administración en evitar la bancarrota financiera de la iglesia. Joseph F. Smith (1901-1918) se encargó de dar estabilidad financiera a la iglesia, construyó una relación amistosa con el gobierno federal y luego tuvo que enfrentar la Primera Guerra Mundial. Heber J. Grant (1918-1945) se enfocó en la euforia social de los “extravagantes años veintes”, luego en los grandes desafíos de la Gran Depresión y terminó enfrentando los desafíos de una Segunda Guerra Mundial.
Todo este tiempo, la iglesia enfrentó problemas que afectaban a todos sus miembros, mientras que la prohibición del sacerdocio afectaba sólo a una pequeña cantidad de miembros, según muestran los registros. Cuando llegó la administración del presidente Spencer W. Kimbal (1973-1985), la iglesia empezó a crecer y a convertirse en una institución mundial. En este punto, la prohibición del sacerdocio comenzó a ser un asunto que cobró importancia y urgencia, no sólo porque aumentó la cantidad de miembros afectados por esta prohibición, sino porque también empezaría a ser un asunto que afectaría seriamente la imagen de la iglesia. Dada la importancia que cobró, el tema ya se empezó a tratar en reuniones de la Primera Presidencia y de Quórum de los Doce. Al año siguiente de esto, se dio la revelación.
Es muy posible que el Señor habló únicamente después de ver que sus profetas vivientes ya estaban consientes de hacer algo respecto a este importante asunto. La revelación que vino después, es muy similar a lo que Jesús dijo a Pedro cuando dijo: “Lo que Dios limpió, no lo llames tú común” (Hechos 10:15).
Relaciones entre la congregación
La Iglesia es administrada por un clérigo laico – a veces son miembros muy jóvenes o conversos recientes. En algunos países, las sociedades tienen problemas raciales, los miembros que viven allí tienen que enfrentarlos.
El proceso de conversión al evangelio de Jesucristo es un proceso largo, y en sociedades donde es común el prejuicio racial, los miembros podrían tener esos sentimientos por un tiempo mientras logran experimentar “un potente cambio …en [sus] corazones” (Mosíah 5:2).
Basados en las reacciones y actitudes de las personas ante la raza, se pueden catalogar en: 1) los que se sienten superiores, son las personas que creen en que una raza, etnia o grupo social son de absoluta superioridad; 2) los que tergiversan la verdad, son las personas que se basan en pasajes ambiguos de las escrituras, en general no son racistas, pero sus ideas son el resultado de la falta de investigación; y 3) los que se informan mal, son las personas que creen los rumores que escuchan, ya sea doctrinas verdaderas o comentarios especulativos sobre discusiones religiosas pero que no estudian las escrituras y las palabras oficiales de los profetas modernos.
Podemos estudiar las escrituras y las palabras de los profetas modernos, orar a nuestro Padre Celestial y recibir revelación personal mediante el Espíritu Santo, todo esto sin ningún intermediario. Así que ninguno de los grupos mencionados anteriormente, pueden dañarnos.
El Señor hizo promesas a los primeros Santos de esta dispensación, las cuales se pueden aplicar a los días actuales, en Doctrina y Convenios 98:1-3, 14-16, 18, dice lo siguiente:
“De cierto os digo, mis amigos, no temáis, consuélense vuestros corazones; sí, regocijaos para siempre, y en todas las cosas dad gracias; esperando pacientemente en el Señor, porque vuestras oraciones han entrado en los oídos del Señor … y … El Señor ha jurado y decretado que serán otorgadas.
“Por lo tanto, él os concede esta promesa, con un convenio inmutable de que serán cumplidas; y todas las cosas con que habéis sido afligidos obrarán juntamente para vuestro bien y para la gloria de mi nombre, dice el Señor.
“No temáis, pues, a vuestros enemigos, porque he decretado en mi corazón probaros en todas las cosas, dice el Señor, para ver si permanecéis en mi convenio aun hasta la muerte, a fin de que seáis hallados dignos. Porque si no permanecéis en mi convenio, no sois dignos de mí.
“Por tanto, renunciad a la guerra y proclamad la paz. …No se turbe vuestro corazón, porque en la casa de mi Padre muchas moradas hay, y he preparado lugar para vosotros; y donde mi Padre y yo estamos, allí también estaréis vosotros.”
El Señor nos permite tomar la decisión por nosotros mismos, nos da la oportunidad de regresar a Él ya que “no hace nada a menos que sea para el beneficio del mundo; porque él ama al mundo, al grado de dar su propia vida para traer a todos los hombres a él. Por tanto, a nadie manda él que no participe de su salvación….Y él invita a todos ellos a que vengan a él y participen de su bondad; y a nadie de los que a él vienen desecha, sean negros o blancos, esclavos o libres, varones o mujeres; y se acuerda de los paganos; y todos son iguales ante Dios, tanto los judíos como los gentiles” (2 Nefi 26: 19, 24,33).
Vemos en la historia de la raza negra que por siglos han sufrido humillaciones, brutalidades e injusticias. Así también, los israelitas estuvieron bajo la esclavitud en Egipto y han sufrido persecuciones, escarnios y muerte por más de dos mil años. Mediante el profeta Isaías, el Señor les prometió a los israelitas en Isaías 25: 8: ”Destruirá a la muerte para siempre, y enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros; y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra; porque Jehová lo ha dicho.”
Esta promesa se extiende a todas las personas, en Mosíah 15:11, 14-15, el profeta Abinadí declaró: “Que quien ha oído las palabras de los profetas… y creído que el Señor redimirá a su pueblo, y han esperado anhelosamente ese día para la remisión de sus pecados, … éstos son su posteridad, o… herederos del reino de Dios.”
