Diversidad cultural: la clave para futuras bendiciones
Hasta ahora he discutido dos aspectos de mis reflexiones sobre la raza y la cultura: (1) cómo deberíamos mirarnos a nosotros mismos y, por añadidura, nuestros hermanos y hermanas alrededor del mundo; y (2) la presencia de muchos de los emisarios del Señor en tierras extranjeras y culturas.
Ahora me gustaría dirigirme sobre otro aspecto relacionado, y este es el asunto de la diversidad cultural. En años recientes, mientras la Iglesia ha entrado rápida y milagrosamente a muchos países, y juntamente con los avances tecnológicos en la transportación rápida y las comunicaciones instantáneas, nos hemos hecho mucho más conscientes de las diferencias culturales dentro de la comunidad global de los Santos de los Últimos Días. Esto ha llevado a que muchos sugieran que, ya sea que la Iglesia como una institución debería cambiar para adaptarse a estos diferentes entornos culturales, o que los nuevos Santos quienes son de diferentes entornos culturales deberían ellos mismos adaptarse a una forma de vida importada – y para muchos, tal vez extraña.
Propongo que los cambios extremos en cada lado – ya sea en la Iglesia o en las personas – no son necesarios. Pero esta diversidad cultural puede ser usada dentro de la organización de la Iglesia para adelantar los propósitos del Señor.
El profeta Lehi enseñó que la coincidencia o los accidentes no tienen lugar en el plan de salvación. Dijo, “Todas las cosas han sido hechas según la sabiduría de aquel que todo lo sabe” (2 Nefi 2:24). Como muchos otros, también creo en las palabras de Lehi, y al hacer esto, debería concluir que el Señor creó, o permitió, el desarrollo de diferentes culturas, no sólo para tener variedad, sino que también más luz y verdad para el mundo. La diversidad es vista por algunos como una molestia, pero también podemos ver la diversidad como un aspecto importante en este estado mortal del eterno plan de salvación de nuestro Padre Celestial. En el libro de Salmos, encontramos la siguiente declaración: “¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios” (Salmos 104:24).
Usemos como una analogía la luz que pasa a través de un prisma. Nuestros ojos pueden ver nada más que un pequeño rango del espectro de la luz, y a simple vista vemos la luz visible como blanca. El prisma separa la luz en varias longitudes de onda, o colores, así nos permite ver el rojo, el verde, el azul, el anaranjado, el amarillo y el violeta.
Debido a nuestros diferentes entornos culturales, podemos ver varios aspectos de vida algo diferentes el uno del otro, como si cada entorno cultural pudiera ver unos pocos colores, pero nunca todos ellos. En las escrituras, el Señor comparó Su palabra a la luz: “Porque la palabra del Señor es verdad, y lo que es verdad es luz, y lo que es luz es Espíritu, a saber, el Espíritu de Jesucristo” (Doctrina y Convenios 84:45).
El presidente Brigham Young enseñó que como morales no podemos recibir revelación de Dios con todas sus perfecciones. Él dijo, “Las revelaciones de Dios contienen doctrina y principios correctos…pero es imposible para los habitantes de la tierra pobres, débiles, inferiores, postrados, y pecadores, recibir una revelación del Altísimo con todas sus perfecciones. Él tiene que hablar de manera tal que esté dentro del límite de nuestra capacidad.”
Combinadas, estas dos citas dan a entender que las experiencias compartidas por las personas de una variedad de entornos culturales deberían permitirles comprender más plenamente los diversos aspectos (o perfecciones) de la luz del Señor. La palabra del Señor manifestada a Nefi (véase 2 Nefi 29:12-14) sugiere que estas experiencias compartidas sucederían en nuestra época.
En este sentido, en lugar de un impedimento, la diversidad debería de ser una necesidad, y dondequiera que encontremos diversidad, deberíamos encontrar mayor conocimiento, y mayor conocimiento nos trae mayor poder, como enseñó el profeta José Smith - poder que podemos usar para vivir mejor los mandamientos, de esta manera alcanzando bendiciones mayores para nosotros, nuestras familias, y aquellos bajo nuestra responsabilidad.
La influencia de la diversidad cultural en la música, danza, drama, pintura, escultura, poesía y prosa ha hecho el mundo más rico en ideas – o en conocimiento, si le parece. Propongo que esa misma diversidad, una vez aplicada a la religión, podría hacer al mundo más rico en el conocimiento de Dios. Una revelación dada a Isaías dice que “la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubre el mar” (Isaías 11:9; véase también 2 Nefi 21:9). Para entender las implicaciones de esta analogía, debemos recordar que el agua del mar, dependiendo de la ubicación y otros factores, demuestra crudamente diferentes grados de salinidad, clorinidad, profundidad, transparencia y movimiento.
Tal como el agua de mar, el conocimiento de Dios también puede haber sido manifestado alrededor del mundo, y también en diferentes grados de salinidad, clorinidad, profundidad, transparencia y movimiento. El grado de salinidad puede referirse a sus poderes de preservarse de la corrupción, o tal vez – ya que la sal también se interpreta como un símbolo de un convenio con Dios – a la idea que aquellos que no tienen la plenitud del evangelio están bajo la tácita responsabilidad de vivir lo mejor que ellos puedan según la luz – o salinidad – que ellos han recibido. El grado de clorinidad puede referirse a su habilidad de purgar ciertas infecciones espirituales. La profundidad y la transparencia pueden referirse a la profundidad de las doctrinas reveladas: su cantidad de detalles, claridad, o sencillez. El movimiento puede referirse a la frecuencia de revelaciones adicionales.
La diversidad de idiomas y el poder de la palabra
