La diversidad de idiomas y el poder de la palabra

    Permítanme dar un ejemplo rudimentario de cómo la diversidad cultural podría beneficiar a la Iglesia como un todo.  Al hacer eso, propongo que la palabra del Señor pueda funcionar en una variedad de formas en las mentes de las personas debido a la diversidad lingüística.   En el Libro de Mormón, el profeta Moroni registró un comentario sobre el poder del idioma escrito de los jareditas y observó que por comparación, su propio idioma nefita era poderoso en su forma hablada, pero limitado o aún difícil de manejar en forma escrita (véase Éter 12:23-25).

    En cada idioma encontraremos palabras que son únicas; no tienen paralelos o una traducción exacta en otros idiomas.  Estas palabras pueden actuar en las mentes de las personas en cada ambiente cultural de una forma única, desencadenando diferentes pensamientos y sentimientos, dependiendo de la cultura local o subcultura.  Una vez que estos pensamientos y sentimientos llegan a las mentes de las personas, el Espíritu del Señor acciona en ellos (véase Doctrina y Convenios 8:2; 9:8), guiándolos a la verdad.  Pero a causa que estos pensamientos y sentimientos tendrán diferentes gustos, dado a las experiencias culturales locales, las revelaciones vendrán con detalles que pueden variar de una cultura a otra.

    Luego, si los Santos de los Últimos Días de esas culturas diferentes comparten sus palabras (véase 2 Nefi 29:10, 12-13), la comunidad mundial de Santos será beneficiada.  Y ¿quién sabe si en el ahora futuro lejano se darán muchas grandes revelaciones por el Señor, en idiomas diferentes?  De esta manera se nos podrían enseñar principios que  ahora están lejos de nuestra comprensión, y al practicar estos principios recibiremos bendiciones hasta ahora desconocidas y en este tiempo tal vez incomprensibles para nosotros (véase Doctrina y Convenios 58:3; 76:7-10; 121:26-33).

    El apóstol Pablo comparó a la Iglesia con un cuerpo, teniendo varios diferentes miembros realizando diferentes tareas (véase 1 Corintios 12:13-14; 17-18; 21-22; 24-27).  Ningún miembro del cuerpo fue considerado sin importancia, no importa su tamaño, composición, o función.  El corazón es un músculo, pero no puede llevar peso; sin embargo, puede bombear sangre, sin la cual los músculos en los brazos no trabajarían.  Las manos tiene más huesos y tendones que músculos, pero ellas multiplican el número de tareas que los brazos pueden realizar.  Los riñones son pequeños y parecen frágiles, pero sin ellos nuestra sangre no podría purificarse y moriríamos.

    Un proceso similar sucede con nosotros como una Iglesia mundial.  Como alemanes, nigerianos, irlandeses, estadounidenses, coreanos, italianos, australianos, brasileños, rusos, samoanos, bolivianos, húngaros, británicos, japoneses, neozelandeses, o cualquier otra nacionalidad, raza o entorno racial, todos tenemos muchas cosas que aprender uno del otro.  Nuestras tradiciones, nuestro nivel de ingreso, nuestra educación, nuestra flora – todas estas cosas y muchas otras variables – nos hacen entender el evangelio con matices, que, si se toman en consideración, pueden proporcionar un punto de vista más comprensible  de Dios y Su reino (véase Doctrina y Convenios 88:77-80).

    Algunos pueden argumentar que algunas de estas culturas carecerán de suficiente experiencia en el evangelio para hacer una contribución significativa – y esa opinión puede venir del hecho que la Iglesia ha entrado en algunos de esos países a finales del siglo veinte.  Podemos estar de acuerdo con el hecho que, comparados con aquellos quienes han tenido el evangelio en sus países por varias décadas, los recién conversos en Nigeria, Rusia, India, y otros países en donde la Iglesia ha entrado recientemente, podrían considerarse como bebés en el evangelio.  Sin embargo, el Señor ha hecho algunas grandes promesas respecto a estos bebes.  Considerando estas palabras del profeta José Smith:

    “Al iniciarse la dispensación del cumplimiento de los tiempos, … es menester que una unión entera, completa y perfecta, así como un encadenamiento de dispensaciones, llaves, poderes y glorias se realicen y sean revelados desde los días de Adán hasta el tiempo presente. Y no sólo esto, sino que las cosas que jamás se han revelado desde la fundación del mundo, antes fueron escondidas de los sabios y entendidos, serán reveladas a los niños pequeños y a los de pecho en ésta, la dispensación del cumplimiento de los tiempos” (Doctrina y Convenios 128:18).

    “Se nos ha llamado a tener las llaves de los misterios de aquellas cosas que han estado escondidas desde la fundación del mundo hasta ahora.  Algunos han probado un poco de estas cosas, muchas de las cuales han sido vertidas desde el cielo sobre las cabezas de bebes, sí, sobre el débil, oscuro y los despreciables de la tierra.”

    Una vez más recalco la idea que a fin de recibir este conocimiento desde lo alto, estos “bebés” necesitan ser nutridos en el evangelio de una manera que edifique sus respectivas experiencias culturales, lo cual puede afectar la forma en que ellos practiquen su religión.  Al recordar lo que llamamos “mormonismo”  no sólo incluye la doctrina revelada de los cielos, si no que también innumerables opiniones personales y prácticas.

    Por ejemplo, cuando el Señor le mandó a Emma Smith que hiciera una selección de himnos sagrados (véase Doctrina y Convenios 25:11-12), Él no le especificó un sistema de notas, un tiempo, o aun un tipo específico de melodía que se adoptara.  Y así es que entre las melodías de nuestros himnos, encontramos animadas gigas, un segmento de “La Flauta Mágica” de Mozart, una marcha fúnebre para un soldado caído.  La edición, entonces, no fue para encontrar el estilo musical preferido del Señor, si no que compilar una colección de “canciones del corazón.”  “Corazón,” según el diccionario, puede significar una “fuente del ser, emociones, y sensibilidades.”

    Habiendo dicho esto, comparto mis impresiones sobre dónde estamos ahora, y dónde podríamos ir desde aquí.  En lo que se refiere a dónde estamos ahora, algunos pueden  hacer la pregunta:  “¿Hemos ido – como una institución – muy lejos y muy rápido?”  No lo creo.  El Señor, mediante Sus profetas, nos mandó ir hacia adelante en Su debido tiempo y de acuerdo a Su voluntad.

    Por otro lado, a menudo me pregunto.  “¿Hemos hecho todo lo que podíamos?  ¿Hemos usado el mejor conocimiento disponible para decidir cómo cumplir los mandamientos para ir hacia adelante?”  En buena medida, lo hemos hecho, especialmente considerando el período de tiempo que vivimos. Sin embargo, hay todavía mucho más que podemos hacer.  En el pasado, pudimos haber asumido que sabíamos todo lo que había que saber sobre proselitar y sobre la naturaleza y variedad de experiencias religiosas o espirituales.  Ahora, esa arrogancia ya no puede aprobarse.  Hasta ahora realmente no nos hemos molestado en aprender el otro punto de vista, u otras vistas del mundo – posiblemente a causa que asumimos que cuando el Señor dijo a Sus élderes, “No sois enviados para que se os enseñe, sino para enseñar” (Doctrina y Convenios 43:15), Él quiso decir que no teníamos nada que aprender de las personas de la tierra.  Sin embargo, cerca de dos años antes de esa revelación, el Señor instruyó a Hyrum Smith que en la preparación para predicar él tenía que “guarda [su] silencio; [y] estudia… [la] palabra [del Señor] que ha salido entre los hijos de los hombres” (Doctrina y Convenios 11:22).

    En base en las consideraciones que hemos hechos hasta ahora, propongo la idea que cada vez que nos enfrentemos con la posibilidad de entrar a nuevas áreas del mundo con puntos de vista radicalmente diferentes, incluyendo religiones con escrituras no-judeo-cristianas, haríamos bien  en seguir el consejo dado a Hyrum Smith y estudiar las palabras de aquellas personas, antes de intentar enseñarles.  Nuestra intención no sería enseñar sus doctrinas, si no aprender de qué se tratan sus visiones del mundo, y qué diferente ellos experimentan y reaccionan a la religión.  Seguramente encontraremos muchos puntos en común que, una vez incorporados en discusiones misionales especialmente desarrolladas, facilitaría grandemente la transmisión del espíritu del mensaje de la Restauración.

    Hasta el momento, hemos estado proselitando en lugares que están bastante occidentalizados – a diferencia de la complejidad de ambientes que están frente a nosotros.  Ahora estamos empezando a entrar en naciones donde los patrones de la cultura occidental han tenido muy poca o ninguna influencia – lugares donde estos patrones culturales pueden ser insignificantes, tal vez para  la mayoría de las poblaciones locales.  Hay que agregar a esto,  los ambientes sociales con idiomas múltiples y culturas múltiples viviendo lado a lado, y tenemos la posibilidad de encontrarnos con situaciones que pueden desafiar a algunos de nuestros procedimientos administrativos usados por largo tiempo.

    Estamos comprometidos en esta tarea gloriosa:  la edificación del reino milenario de Cristo.  Esta es una empresa sin comparación en toda la historia de esta tierra.  Tal vez ni aún la edificación de la ciudad de Enoc de Sión podría compararse a este trabajo de los últimos días, debido al alcance mundial del trabajo en este momento.  Mientras que Enoc y su pueblo construyeron una ciudad, nosotros estamos involucrados en construir una nueva religión mundial.

    La configuración de este reino es tan elaborada, tan bella, tan perfecta para nosotros, mortales temporales imperfectos con entendimiento finito, que para realizar este trabajo necesitaremos usar una combinación de todo el conocimiento, todas las habilidades, todos los dones, todos los poderes, y todas las autoridades restauradas, ya sea en los tiempos antiguos o modernos.  Como enseñó el profeta José Smith, una “unión entera, completa y perfecta, así como un encadenamiento de dispensaciones, llaves, poderes y glorias.”

    ¿Dónde vamos a encontrar este conocimiento y estas habilidades, poderes y autoridades?  Los poderes y autoridades ya han sido restaurados.  Sin embargo, el conocimiento y las habilidades todavía no han sido completamente restaurados.  Es verdad que nosotros tenemos la plenitud del evangelio (véase Doctrina y Convenios 42:12), pero eso no significa que tenemos la plenitud del conocimiento del evangelio.  Tenemos la llave para abrir el significado de misterios adicionales, cuyas interpretaciones agregarán luz y conocimiento a nuestro entendimiento.

    El Señor reveló que Él tendría Su palabra escrita en todas partes del mundo (véase 2 Nefi 29:8, 12,14).  Para mí, esto significa que encontraremos conocimiento adicional y habilidades esparcidas por todo el mundo.  Y para aquellos que piensan que ya sabemos mucho, cito lo que el profeta José Smith enseñó:  “Las cosas que están escritas son sólo pistas de  cosas que existieron en la mente del profeta, que no están escritas acerca de la gloria eterna.”  En este pasaje el profeta estaba discutiendo las enseñanzas del apóstol Pedro sobre estar seguros de nuestras vocaciones y elecciones – y precisamente esta es la clase de conocimiento de que estoy hablando, el conocimiento de cómo incorporar en nuestras vidas el rango completo de perfecciones que le pertenece a nuestro Padre en los Cielos.

    No creo – permítanme la osadía – que cualquier nación en el mundo ahora tiene la combinación completa de conocimiento y habilidades necesarias para construir el reino milenario de Cristo.  Si eso es verdad, habría otra razón por la que se nos ha ordenado organizar estacas en Sión (véase Doctrina y Convenios 115:6, 101:20-21) por todo el mundo, en lugar de congregar a los Santos en la mitad de una docena de lugares.

    La sabiduría humana por si sola no puede edificar este reino milenario; sin embargo, la combinación de la sabiduría conferida a todas las personas y culturas – después que han sido purgados, refinados y santificados por el Espíritu del Señor – sí lo haría.  El proceso de purgar significa que los elementos falsos y corruptos presentes en expresiones culturales tendrán que dejarse a un lado.  El refinamiento implica que algunos ajustes de esa sabiduría con los principios básicos del evangelio tendrán que hacerse.  Tal como en el proceso de destilación, la impureza oculta es separada del otro elemento.  La santificación es el estado final, cuando el Espíritu del Señor dará vida a esa sabiduría purificada, y llegará a ser parte de la voluntad del Señor, así permitiéndonos ser bendecidos al obedecerle.  Debo recalcar que si este proceso alguna vez se lleva a cabo oficialmente, sucederá bajo la dirección del presidente de la Iglesia, el único hombre en la tierra que tiene la autoridad para revelar conocimiento adicional para la Iglesia como un todo (véase Doctrina y Convenios 107:91-92).

    Pensamientos sobre mormonismo, raza y culturas del mundo