La creencia de la preordenación

    Algunas personas argumentan que debido a nuestra conducta premortal, nuestras circunstancias mortales son consecuencias directas.  En Doctrina y Convenios el Señor declara:

    “Y de nuevo os digo, estime cada hombre a su hermano como a sí mismo. Porque, ¿quién de vosotros, si tiene doce hijos que le sirven obedientemente, y no hace acepción de ellos, dice a uno: Vístete de gala y siéntate aquí; y al otro: Vístete de harapos y siéntate allí, podrá luego mirarlos y decir soy justo?  He aquí, esto os lo he dado por parábola, y es como yo soy. Yo os digo: Sed uno; y si no sois uno, no sois míos” (Doctrina y Convenios 38:25-27).

    La doctrina de la preordenación se refiere a las asignaciones que se deben realizar en la mortalidad. Nuestra condición mortal no tiene nada que ver con las acciones premortales.

    Como mortales, tendemos a clasificar a las personas basados en su bienestar material, en lugar de ver los aspectos espirituales como la fe, caridad, bondad y otras virtudes. La exaltación y la vida eterna dependen de la gracia del Señor, la salvación se ofrece a todos sin tomar en cuenta su bienestar material.  En 2 Nefi encontramos:

    “Él no hace nada a menos que sea para el beneficio del mundo; porque él ama al mundo, al grado de dar su propia vida para traer a todos los hombres a él. Por tanto, a nadie manda él que no participe de su salvación.   Porque ninguna de estas iniquidades viene del Señor, porque él hace lo que es bueno entre los hijos de los hombres; y nada hace que no sea claro para los hijos de los hombres; y él invita a todos ellos a que vengan a él y participen de su bondad; y a nadie de los que a él vienen desecha, sean negros o blancos, esclavos o libres, varones o mujeres; y se acuerda de los paganos; y todos son iguales ante Dios, tanto los judíos como los gentiles” (2 Nefi 26: 24,33).

    Al leer las escrituras, podemos entender con mayor facilidad nuestro potencial y las probabilidades para obtener la exaltación y vida eterna, y se nos aclara que esas bendiciones no dependen de la existencia premortal.

    Algunos otros argumentan que nacer dentro de una familia activa Santo de los Últimos Días es otra evidencia de la fidelidad premortal.    Grandes líderes espirituales nacieron en circunstancias adversas, como Abraham, cuyo padre era idólatra, o como los primeros apóstoles y profetas de esta dispensación.  Ninguno de ellos nació en una familia Santo de los Últimos Días.

    Lo que se puede decir es que al nacer en una familia activa Santo de los Últimos Días aumenta la probabilidad, pero no la garantiza, de cumplir con algunas partes de su misión preordenada en esta tierra.