La creencia de la herencia de las maldiciones
En las escrituras se encuentran situaciones en las que el Señor maldijo a ciertos grupos de personas, estas maldiciones pueden heredarse si continúan las condiciones de maldad, (véase Deuteronomio 24:16; Ezequiel 18:20; Doctrina y Convenios 103:25-26; 124:50). Hay que analizar las condiciones que se vivían cuando se dio determinada maldición, y también estudiar bajo qué circunstancias podría quitarse la maldición.
En Ezequiel 33:11 dice, “No quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino,” confirma que el fin del Señor es proporcionar la inmortalidad y la vida eterna a Sus hijos; así que no deberíamos enfocarnos en características físicas ni linajes, si no que en encontrar quienes son favorecidos por el Señor.
José Smith hizo declaraciones sobre los juicios de los hombres y los juicios de Dios: “Mientras una porción de la raza humana es juzgada y condenada por otra sin misericordia, el Gran Padre del universo ve a toda la familia humana con cuidado y respeto paternal… y sin ninguno de esos sentimientos contraídos (limitados, restringidos) que influyen a los hijos de los hombres…Él es un Legislador sabio, y juzgará a todos los hombres, no de acuerdo a las ideas estrechas y contraídas de los hombres…. No debemos dudar de la sabiduría e inteligencia del Gran Jehová; Él otorgará juicio o misericordia a todas las naciones de acuerdo a lo que se merecen, sus medios de obtener inteligencia, las leyes por las cuales son gobernados, los servicios proporcionados a ellos para obtener la información correcta, y Sus designios inescrutables en relación a la familia humana.”
Además él declaró: “Todo el mundo religioso está alardeando de rectitud; esta es la doctrina del diablo para retrasar a la mente humana, e impedir nuestro progreso, al llenarnos con santurronería. Entre más cerca estemos de nuestro Padre Celestial, estamos más dispuestos a ver con compasión a las almas moribundas; sentimos que queremos llevarlos sobre nuestros hombros, y echar sus pecados en nuestras espaldas.
Él agregó: “Nuestro Padre Celestial es más tolerante en Su opinión, e infinito en Sus misericordias y bendiciones, que lo que estamos listos para creer o recibir; y, al mismo tiempo, es más terrible con los obradores de iniquidad, más atroz en las ejecuciones de Sus castigos, y más alerta para descubrir cada camino falso, que lo que estamos aptos de suponer que Él sea.”
Hay algunas personas que aún después de leer las declaraciones anteriores puedan sentirse incómodos en la presencia de personas de otras nacionalidades o razas, y también no aceptar la idea que podrían estar todos juntos en el reino celestial, sin importar el origen ni la raza. Si estos pensamientos y sentimientos persisten, es necesario recurrir al arrepentimiento. En 2 Nefi 9:41 dice, “El guardián de la puerta es el Santo de Israel; y allí él no emplea ningún sirviente.”