Testimonio de Renée Olson

El testimonio completo de Renée Olson

Mi testimonio

Hace tiempo, cuando estaba a punto de convertirme en una persona adulta, unos buenos amigos míos vivían enfrente de mi casa.  Ellos era unos felices católicos romanos ( o algo así, pensé).  La esposa había dejado el convento para casarse y tener hijos.  Habían sido católicos romanos por 28 años o más cuando ellos se mudaron.  Siempre estaban molestándome para que fuera con ellos a misa, aunque nunca estuvieron interesados en asistir a mi iglesia.  Un día dejaron de fastidiarme para que fuera a misa y empezaron a hablarme acerca de su nueva Iglesia, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.  La esposa hablaba y hablaba de algo llamado Sociedad de Socorro y economía doméstica.  Ella explicó que esto era donde a las mujeres mormonas se les enseñaba como ser mejores esposas y madres (ni una de las dos cosas era yo en ese momento).  Ellos hablaron tanto de estas cosas que sentí necesario hablar con mi pastor sobre “los mormones.”

Me dijo que me mantuviera alejada de ellos porque los mormones le lavaban el cerebro a su gente y les hacían creer que ellos eran la única Iglesia correcta en la faz de la tierra y solamente mediante ellos podía uno ir al cielo.  El pastor estaba parcialmente correcto.  Mis amigos continuaron diciéndome que su Iglesia era la única Iglesia correcta en la tierra y que sólo a través de su Iglesia podría yo alcanzar la exaltación.  Ese solo sentimiento fue suficiente para decidir mi rumbo.  Necesitaba aprender todo lo que pudiera, así podía sacar fuera a mis amigos de este culto, al cual habían sido engañados a unirse.  Así que hice la única cosa racional que podía pensar en ese momento… me volví una anti-mormona.

No era realmente muy feliz siendo una bautista del sur (SB por sus siglas en inglés), aunque era una experta múltiple en todos los asuntos mormones.  Realmente no tenía ni idea lo que era tener una relación personal con Dios.  Busqué constantemente por algún significado de la vida, así como también cómo ser la persona que Dios quería que yo fuera.  Pero dondequiera que buscaba, me quedaba corta, jamás encontraba las respuestas que tan desesperadamente necesitaba.

En mi búsqueda de la felicidad  y a causa de mi profesión, tuve el privilegio de trabajar con muchas personas de otras denominaciones, incluyendo metodistas, católicos romanos, nazarenos, luteranos, testigos de Jehová y mormones.  Cada uno estuvo entusiasmado de contarme sobre sus creencias (principalmente porque pregunté), y algunos rápidamente me decían que mi religión bautista estaba equivocada.  Algunos no me pudieron decir qué estaba mal con mi religión, pero ellos sabían que su religión era mejor.  Nunca entendí como alguien puede saber que su religión era mejor que la de algún otro, si ellos nunca entendieron nada acerca de las creencias de otras personas y nunca hicieron ninguna pregunta.  Descarté aquellos de tipo “más santos que usted” con pensamiento ligero y que jamás le dan a su religión ninguna seriedad.

De los que conocía y trabajaba con ellos, verdaderamente no vi a ninguno que pudiera VIVIR lo que decían que creían.  Ellos eran grandiosos el domingo y hablaban cosas buenas; pero, como yo, vi muchos de ellos llevando una “doble” vida.  La iglesia no duraba más allá del domingo.  Ya el lunes, ellos estaban chismoseando, murmurando, gritándoles a los hijos/esposo, jurando, y haciendo toda clase de cosas impropias de un “cristiano”.  Supongo que fue por eso que la mayoría de nosotros teníamos un servicio a media semana… necesitábamos la recarga para que llegáramos al siguiente domingo.

Como declaré anteriormente, realmente no era feliz como bautista.  En realidad era miserable y buscaba una verdad que no sabía cómo encontrar.  Amaba mi iglesia Bautista del Sur y sus muchos programas.  Estuve involucrada en muchos de esos programas con la esperanza que eso me haría feliz y me llevaría más cerca de Dios.  La verdad es que no tenía ni idea como tener una relación personal con Dios.  Me habían enseñado por muchos años acerca de este amoroso Padre Celestial que me amaba tanto que Él envió a Su Hijo a morir por mí, pero al mismo tiempo, me castigaría horriblemente si me salía del camino.

Luego, después de haber trabajado como una antimormona por unos años, conocí a alguien que cambiaría mi forma de pensar sobre lo que según yo conocía.

Ya para este tiempo, había conocido muchos mormones que estaban más interesados en que aceptara el Libro de Mormón a la fuerza en lugar de si estaba o no lista para escuchar el Evangelio.  También había conocido muchos misioneros que estaban más interesados en aumentar su número de bautismos que si yo tenía  o no tenía un testimonio verdadero.  De nuevo, para mí fue fácil desechar a todas estas personas y a sus religiones como un acto de ilusión o una moda pasajera.

Esta persona llegó a ser muy especial para mí.  No porque tuviéramos mucho en común, si no porque ella fue la primera persona que había conocido quien tenía todo junto… ¡ella en realidad VIVIA lo que ella decía que creía!  Por supuesto, no creí que eso duraría, pero, de nuevo, ella me confirmó que yo estaba equivocada.  Se convirtió en mi mejor amiga, confidente, maestra y ejemplo.  Para explicar como pasé de ser anti-mormona a Santo de los Últimos Días se necesita un poco de explicación.  Permítanme darles unos pocos ejemplos de cómo ella lo hizo.

Primero, después de muchas pláticas de religión que  fueron en cualquier lado, decidimos que la religión necesitaba ser sin límites.  Ambas fuimos obstinadas y determinadas que nuestra respectiva línea de conducta era la  correcta y que la otra estaba equivocada.  Así que dejamos completamente por un lado el asunto y nos mantuvimos en un área común.  Ella únicamente hablaría de la Iglesia cuando le preguntara.

Segundo, ella usó el área común para desarrollar y solidificar un lazo de amistad.  Estaba verdaderamente interesada en MÍ, mi bienestar y mi familia, en lugar de decirme porqué su Iglesia era mejor que la mía.  Nos divertimos juntas e hicimos cosas que sólo nos involucraban a las dos, como salir a comer un sándwich submarino.

Tercero, ella  se puso a mi nivel.  Eso quiere decir, que no me predicaba sobre temas del evangelio que ella sabía que yo no iba a entender y que no estaba lista.  Aprendió rápidamente que las cosas sagradas podrían ser ridiculizadas al compartirlas con alguien que no estuviera preparado para escucharlas.

Cuarto, ella mostró preocupación verdadera por mi familia.  Mi familia era una familia con dos fuentes de ingresos.  Pero por razones extrañas, nunca teníamos suficiente dinero para pagar todas las cuentas y alimentar a nuestros dos hijos.  Parecía que siempre vivíamos al azar cada mes. A pesar de tener un solo ingreso, ella alimentaba a su gran familia y a mi pequeña familia.  También ella me enviaba a casa con abarrotes de su propia cocina y su despensa.  Como dice el antiguo refrán, “Dele a una mujer un pescado y la alimenta por un día.  Enséñele a pescar y la alimentará por toda la vida.”  Ella siguió este precepto y me invitó cada vez que la lección de economía doméstica se trataba sobre el almacenamiento de alimentos o preparación para las emergencias.  ¡Yo no sabía que la Sociedad de Socorro se enfocaba en un tema  central cada año!  Innecesario de decir, asistí cada mes que pude.  Esas ocasiones llegaron a conocerse como “la noche de las chicas”, mientras dejábamos a todos nuestros hijos con nuestros esposos.

Quinto, ella dirigía con el ejemplo.  No es suficiente sólo predicar.  Uno tiene que andar el camino también.  Vi como ella tenía oraciones en la mañana y en la noche con su familia.  (Sí, estuve allí muchos días desde el amanecer hasta que el sol se ocultaba, especialmente durante el verano).  Observé que cada lunes, ella apartaba la noche para tener la Noche de Hogar.  Cuando mi familia estaba allí o aún cuando yo estaba sola, ella nos invitaba o me invitaba a asistir a la Noche de Hogar.  Recuerdo haberme sentido incómoda porque no sabía ninguna de las canciones.

Sexto, ella fue cuidadosa para no ofender.  Si mi familia se quedaba para su noche de hogar, ella enfocaba su lección en algo de la Biblia, para no ofender a mi familia y nuestras creencias.  Ella estuvo de acuerdo de nunca discutir sobre cosas del Libro de Mormón con mis hijos cuando ellos se quedaban a dormir en su casa, yo sabía que podía confiar en ella.

Esta hermana entendió el valor de un alma como lo define el Padre Celestial.  Ella pacientemente regó, nutrió y cuidó nuestra relación, aun cuando debe haber sentido que ella lo estaba haciendo sola.  Ella sufrió mis muchos problemas, amó a mis hijos como los suyos, dedicó su ser completo para mostrarme quien era yo.

A causa de su paciencia, ejemplo e inversión de tiempo, ahora yo soy una feliz Santo de los Últimos Días.  He sido miembro de la Iglesia por diez años.  Ahora sé quien soy, de dónde vine, a dónde voy y cómo llegar allí.  Tengo una maravillosa relación con mi amoroso Padre Celestial.  Me esfuerzo por pasar este conocimiento a otros para que ellos puedan ser tan felices como yo soy.

Ya sea bueno o malo, los ejemplos tienen un efecto de “bola de nieve.”  Su buen ejemplo se ha extendido en mí hasta afectar las vidas de otros, incluyendo a mi hijo, quien ahora está sirviendo  una misión de tiempo completo en la Misión Utah Ogden; mi abuela quien sirve como segunda consejera en la Sociedad de Socorro en su rama y a muchos otros con quienes he compartido el Evangelio y continúo compartiendo el Evangelio mediante el ejemplo.

Intimidar no funciona.  Dar a la fuerza el Libro de Mormón no funciona.  Menospreciar la religión de otro, no funciona.  Distanciarse de alguien por su religión o creencias, no funciona.  Explicar porqué su iglesia es mejor que la de otros, no funciona.  Ninguna de estas cosas traerá a alguien más cerca al Evangelio de Jesucristo.  Pero vivir una vida de acuerdo a los principios del Evangelio con un testimonio silencioso compartido por la acción en lugar de palabras; una sincera amistad dada sin esperar nada a cambio, irá más allá para lograr el resultado deseado de llevar a alguien al conocimiento de quién es el Padre Celestial y cómo tener una relación personal con Él.

Soy la prueba viviente de estas palabras.  Para aceptar el Evangelio pasaron diez largos años, después de haber conocido a mi amiga.  No hubo fanfarrea, luces brillantes, bandas marchando o alguna celebración para marcar mi cambio.   No le dije a ella nada sobre mi bautismo, si no hasta tres meses después.  Mi cambio de pensamiento llegó tan calmadamente como había sido el ejemplo de ella.  A solas.  En los quietos intermedios de mi mente, empecé a repasar todas las cosas que habíamos hecho juntas; la diversión que tuvimos; las cosas que habíamos aprendido; las clases de Economía Doméstica a las que yo había asistido; el ejemplo que había visto en ella días tras día…y entonces, todo tuvo sentido.  La única manera que ella posiblemente podía vivir como Santo de los Últimos Días, según decía que era, era si ella verdaderamente creía todo lo que me había enseñado en los últimos diez años.  Tuve diez años de ejemplo de gran valor para examinarlo.  Sabía que ella no era tonta.  Si la Iglesia hubiera sido falsa, ella se habría dado cuenta y se habría retirado.  Sus diez años de ejemplo me probaron, más allá de la sombra de duda, que la Iglesia de ella tenía las llaves para encontrar la felicidad que yo había buscado por tantos años.

Uno de mis más grandes remordimientos es que ella no estuvo allí para mi bautismo, así ella hubiera podido ver la dulce paz que sentí cuando salí de las aguas, finalmente conociendo/entendiendo el significado de “nacer de nuevo.”  Había sido bautizada una vez pentecostal y dos veces como bautista del sur.  Realmente no había sentido nada dentro de mí durante el tiempo que asistí a esas iglesias.  Así que cuando salí del agua esta vez, supe que era la última vez.

Mi otro gran remordimiento es haber esperado tanto tiempo en entender y aceptar la Iglesia.  Siento como que he perdido mucho tiempo en el desierto de la duda cuando el Padre Celestial podría haberme usado para promover Su reino.  Sin embargo, entiendo que tuve muchos años para “desaprender” y que se iba a necesitar a una persona muy especial con mucha perseverancia y paciencia para  trabajar conmigo y amarme en el reino.  Siento que fui literalmente amada en Su Iglesia.

Muchas veces me pregunto que cuántas personas estarían dispuestas a dar de sí mismas como ella lo hizo, con el fin de llevar tan sólo un alma con ellos al reino de Dios.  Soy una evidencia positiva cuando el Señor dice, “Nunca dije que sería fácil, sólo digo que vale la pena.”

Renée Olson